El dolor.
Todos, alguna vez hemos sentido dolor en alguna parte de nuestro cuerpo, y como la experiencia es única, personal, es muy difícil de medir; sólo sabemos que es una sensación y experiencia emocional desagradable pero la buena noticia es que puede tratarse, controlarse y reducirse.
La persona que padece un dolor, puede tener alteraciones del sueño, del apetito, cambio de emociones y sufrir un distanciamiento en su relación con los demás.
Hoy es posible aliviar el 90% del dolor crónico, lo que mejora la vida tanto al que lo padece como a su entorno.
Cuando el dolor aparece como un síntoma, es una alarma que le sirve al médico para investigar su procedencia, pero si persiste una vez que desaparece la patología que lo desencadenó, puede transformarse en crónico, es decir un dolor que no tiene un fin biológico útil, persiste durante mucho tiempo después de una lesión o dura más de 3 - 6 meses.
Cuando esto sucede, es muy importante tratar médicamente este dolor porque provoca pasividad, depresión y aislamiento social.
En muchas personas, la enfermedad que generó el dolor es irreversible, y si bien no se va a curar, hay que darle un alivio a su sufrimiento para devolverle la calidad de vida.
Tanto el dolor agudo como el crónico encuentran alivio en las Unidades del Dolor que se han creado para minimizar las molestias de los pacientes.
Los dolores más tratados son:
-Dolor de espalda: lumbar o cervical.
-Cefaleas.
-Neuralgias.
-Dolor oncológico.
-Dolor facial.
-Dolores reumáticos: fibromialgias, dolor articular, artrosis, artritis.
-Dolor del suelo pélvico.
Hay tratamientos farmacológicos y no farmacológicos como bloqueos nerviosos, radiofrecuencia, estimulación nerviosa, apoyo psicológico, cirugía, donde intervienen anestesistas, psicólogos, neurocirujanos, etc.
