LA MUERTE AZULADA.
El Instituto Radiológico de la ciudad de Goiania se cerró, y pasaron 2 años sin hacer nada por rescatar las cápsulas de Cesio 137, usado en los tratamientos, de manera que la contaminación en el sector de las ruinas alcanzaba límites letales para cualquier ser humano, y todo ocurrió silenciosamente hasta que un humilde habitante desenterró un cilindro de entre las ruinas y deseoso de obtener algún dinero se lo vendió a un chatarrero por unos 6 mil pesos chilenos, quien vió que emitía una bella luz azulada y pensando en encontrar un regalo para su esposa, mandó a dos empleados a romperlo a martillazos, los que al extraer un polvillo resplandeciente que iluminaba el lugar, regalaron trozos de la cápsula a sus vecinos que los guardaron en sus bolsillos, incluso algunos comieron este material tan llamativo. Los síntomas aparecieron rápidamente: quemaduras, fatiga, vómitos, y llegaron familias completas al hospital, presas de pánico, 70 personas en total.
Pero eso no fue todo.
Los especialistas, al examinar el terreno, dieron la alarma de una posible contaminación mortal en las cuencas de La Plata y del Amazonas, debido a innumerables ríos y afluentes que pasan por esa región, pudiendo incluso desembocar en el Caribe y sur de EEUU. Esta radioactividad afectó a otras capitales brasileñas. Cerca de 26.000 personas fueron controladas , se demolieron edificios y se removió tierra irradiada, pero la contaminación no se eliminará de la ciudad antes de 50 años.
Una persona puede soportar 2,5 Rem (unidad de medida de la radiación) sin sufrir mayores daños, y lo que se midió en el lugar, alcanzó un promedio de mil Rem.
La radiación gama emitida por el Cesio 137 puede penetrar hasta 10 cm. en el cuerpo e instalarse de preferencia en el hígado y médula ósea, encargados de renovar la sangre del cuerpo . Se absorbe con mucha rapidez y en forma completa a través del intestino, concentrándose en los músculos. Rompe la cadena genética produciendo células defectuosas que provocan cáncer, y la disminución de glóbulos blancos y plaquetas deja a la víctima sin inmunidad ante múltiples enfermedades. Caída del cabello, hemorragias, son otros síntomas que aparecieron.
Fueron muchas las muertes que ocasionó este error humano.
Fuente: Ercilla N°2725 de octubre, 1987.
¿Y por qué reflotar este desastre?
Porque de tanto en tanto, aparecen "iluminados" que hablan de la energía nuclear como única solución para la falta de energía, y no piensan en dos gravísimos problemas asociados: dónde guardar los desechos, y la gran inseguridad porque los accidentes ocurren, las filtraciones radiactivas ocurren y las consecuencias perduran varios siglos.
El desastre radiactivo de Brasil ocurrió por un descuido inexcusable, al dejar abandonadas cápsulas que contenían Cesio 137 entre los escombros, y provocar la muerte de muchísima gente con las mismas cápsulas que se usaban para salvar vidas en los tratamientos contra el cáncer.
Por eso, refloté este desastre.
