¿A cuántas personas admiramos durante nuestra vida? ¿Y cuáles son los motivos?
Desde pequeños y a medida que recorremos este largo camino de la vida, en cada recodo, nos topamos con personas admirables.
Algunos admiramos a un profesor, otros a un cantante, habrá quien admire a un pintor, escultor, arquitecto, o talvez a un fotógrafo, a un cocinero, o a un artesano...
Son muchas las personas con méritos suficientes como para motivarnos a averiguar detalles de su vida; personas que sin pensar en su propio bienestar, trabajan para ver felices a otros, o para asegurarles salud y bienestar a otros, como es el caso de los héroes de Fukushima.
Hace unos años, conocí la historia de un pianista de concierto, uno de los mejores del mundo, uno de esos genios que a los 8 años ya dio su primer recital, que estudió horas y horas, días, semanas, meses, años...Era adolescente cuando ya tuvo una actuación con la Orquesta Filarmónica de Nueva York en el Carnegie Hall.
Estaba un día ensayando con George Szell (director de la Orquesta de Cleveland), preparando una gira por la Unión Soviética, y desde hacía varios días que notaba su mano derecha con cierta torpeza en el 4º y 5º dedos, y que de repente, involuntariamente, se torcían, y él pensaba que si trabajaba más mejoraría, pero era cada vez peor y de eso se dio cuenta el director, que le pidió que fuera a su estudio al terminar el ensayo. Szell le dijo "Creo que no deberías venir a la gira"...Con apenas 37 años, el gran pianista León Fleisher sintió que su carrera se había arruinado.
Probó medicina tradicional, con ortopedista, neurólogos, un cirujano especialista en manos; continuó con psiquiatras, con inyecciones y rayos X, medicamentos, luego acupuntura, aromaterapia... y todo fue inútil, por lo que hasta pensó en el suicidio cuando hasta su matrimonio fracasó.
Luego de pasar por la desesperación de no poder tocar piano con sus dos manos, instrumento al que dedicó su niñez, adolescencia y edad adulta, se conformó pensando que su amor por la música era más que eso, y comenzó a dirigir, a tocar el repertorio para la mano izquierda y a dar clases en el Conservatorio Peabody, pero junto con enseñar y dirigir... no había día en que no probara su mano derecha...
En 1981, sus dificultades parecieron disminuir, y Fleisher tocó en la inauguración del Meyerhoff Hall en Baltimore, aunque a duras penas pudo terminar la interpretación, y luego se desmoronó y lloró en privado.
Después de varias décadas de padecimientos, recién tuvo un diagnóstico; al menos tenía un nombre que darle a sus dolores: distonía focal, una falla en el cerebro que provoca que los músculos se contraigan en posiciones anormales y a veces dolorosas y este desorden afecta a veces a personas cuya actividad (músicos, cirujanos, artesanos) depende de la motricidad fina.
En los Institutos Nacionales de la Salud se estaba probando la toxina botulínica como un remedio para las contracciones incapacitantes, y se le hizo una prueba clínica a Fleisher.
Esta toxina es producida por la bacteria Clostridium botulinum, una de las sustancias más venenosas que se conocen y produce el botulismo, enfermedad que provoca sequedad de boca, náuseas, vómitos, y una parálisis muscular progresiva que, al afectar la función respiratoria, puede llegar a causar la muerte. Esta capacidad para producir parálisis muscular es la que se aprovecha en el tratamiento de algunas enfermedades neurológicas como las distonías que afectan al adulto, y que se caracterizan por afectar a un único músculo o un grupo muscular.
Tan venenosa es esta toxina, que 1 gramo podría matar a 20 millones de personas.¿Y cómo lo hace? Produciendo una proteína que bloquea la liberación de acetilcolina, que es un transmisor que hace que se contraigan los músculos.
Esta toxina diluida es el Botox , medicamento que se usa para suavizar arrugas, también sirve para aliviar migrañas, para curar el estrabismo, y en la esclerosis múltiple se usa para tratar las contracciones espásticas , lo mismo en la parálisis cerebral.
La toxina botulínica no cura la enfermedad; sólo produce un alivio de los síntomas, y por esto a León Fleisher cada 6 meses se le inyecta una dosis que le permite tocar piano con sus dos manos y andar nuevamente de gira; incluso grabó por primera vez con sus dos manos en 40 años.
Aquí es cuando tenemos que reconocer la maravilla que provoca a veces un veneno... devolverle la felicidad a una persona que se ha esforzado tanto, y permitirnos a nosotros disfrutar del trabajo maravilloso de un gran pianista.
Para mí, esta persona: León Fleisher, es digna de toda mi admiración.
Fuente: National Geographic , Wikipedia, Youtube.



Alejandra dijo
Realmente inspirador su ejemplo. Gracias por compartir
Oye, de que color es una vaca y cuánto es 2+2? no se cómo aprobé la universidad...
18 Julio 2011 | 07:21 PM